Yo y mis circunstancias: nuevas formas de control social

 

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Somos lo que dicen nuestros datos en la red

    

          Impresionante y angustiosa columna del gran Bruce Schneier en Wired, Our data, ourselves, de más que recomendable lectura para todo aquel que esté mínimamente preocupado por la evolución y el valor en caída libre de la privacidad de los datos en la sociedad moderna. La tesis de la columna es el hecho de que aquello que le ocurre a nuestros datos, nos ocurre a nosotros mismos. El blog de Enrique Dans traduce de manera completamente libre algunos pasajes, pero si se maneja inglés, es recomendable leer el original:

 

          En la sociedad actual, generamos datos de manera constante: cada vez que operamos con dinero, que pasamos un peaje, que llamamos por teléfono, que enviamos un correo electrónico o un SMS, que navegamos en la web o leemos una noticia… Nuestros datos determinan si nos conceden un crédito o no lo hacen, si nos hacen un descuento, si entramos en un avión o nos quedamos fuera, si nos dejan atravesar una frontera. Si somos sospechosos de algo, resulta mucho más probable que investiguen nuestros datos a que pidan una orden para entrar en nuestra casa (y para curiosear muchos de nuestros datos, ni siquiera necesitan un permiso). Un delincuente que acceda a nuestros datos puede vender nuestras propiedades, operar en nuestro nombre, solicitar tarjetas de crédito… el robo de identidad es la prueba definitiva de que controlar nuestros datos significa controlar nuestra vida.

 

          Nuestros datos son parte de nosotros. Son íntimos, personales, y tenemos derechos sobre ellos. Necesitamos imperiosamente leyes que protejan de manera amplia la privacidad de los datos. Que protejan toda nuestra información, no sólo la financiera o la relacionada con la salud. Debe limitar las posibilidades que otros tienen de comerciar con nuestra información, de comprarla o venderla sin nuestro conocimiento o consentimiento. Debe permitirnos ver los datos que otros tienen de nosotros, y corregir las inexactitudes que encontremos. Impedir que el gobierno acceda a nuestros datos sin una orden judicial. Forzar la eliminación de datos, y limitar la recolección de los mismos. E imponer algo más que sanciones testimoniales por la violación deliberada de estas leyes.

 

          Hablamos de una intención a largo plazo. Nos va llevar años llegar ahí. Es más fácil no hacer nada y permitir que sean las leyes del mercado las que lo regulen. Pero mientras vemos las tarjetas del supermercado o las cláusulas de privacidad de las páginas web, tenemos que darnos cuenta de hasta qué punto nuestra privacidad está siendo violada y cuánta libertad de elección hemos tenido con respecto a ello. Las empresas, por supuesto, están encantadas de recolectar, comprar y vender nuestra información más íntima. Pero los efectos a largo plazo de algo así en nuestra sociedad son tóxicos: estamos entregando el control de nosotros mismos. Porque, además, ¿quién controla a estos controladores?.

 

 

 

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Mass media en Galicia: lo que se cuece visto a pie de obra.

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